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LA MUERTE DE CARME CHACÓN O CUANDO TODO VALE

Antes de hablar del malestar que me ha provocado el tratamiento mediático de la muerte de Carme Chacón, quiero dejar claro el respeto que siento por la muerte de cualquier ser humano. Si la desaparición es súbita, brutal y quien muere es joven -morir a los 46 años que tenía Carme Chacón, es morir joven- el impacto es aún mayor. Dicho esto, de ahí al espectáculo que me parece que se ha hecho…

“Solo” he escuchado 15 minutos de noticias por la mañana en la radio, unos 25 minutos de TV a media mañana -no veo nunca la TV, pero me he equivocado de hora y he llegado pronto a una reunión y en la sala de espera había un aparato de TV en marcha- y unos 20 minutos más de radio por la noche. ¡¡¡No quiero mencionar las emisoras, ni los conductores, ni los tertulianos, pero he sentido vergüenza ajena y, una vez más -seguro que soy mucho más ingenuo de lo que muchos y yo mismo creemos- me he preguntado en qué carajo de mundo vivimos!!!

Al final del día, ya no he podido más y he acabado enviando a un grupo de amigos el siguiente mensaje:

“¡Después de escuchar las noticias, juraría que acabarán canonizando a Carme Chacón! Dicho con todo el respeto a cualquier ser humano que desaparece brutalmente a los 46 años. ¡Pero… co…!!! ¡Cuánto cinismo, cuánta falsedad y cuántas empresas mediáticas en proceso de quiebra necesitadas de facturar vendiendo dramatismo a un público ávido de consumir dramas, desgracias y mierda!”.

El conductor del programa de la mañana, que considero un buen profesional y que en general me parece ponderado, de vez en cuando me sorprende enfatizando “con pasión” cuestiones que me parecen anodinas o incluso cursis, o haciendo obituarios o narrando desgracias demasiado dirigidas a buscar la “lagrimita fácil”. Hoy me ha parecido que exageraba pero… si no hubiera escuchado nada más, ahora no estaría escribiendo sobre el tema.

Pero es que después ha venido el desfile de líderes políticos haciendo la glosa de la difunta. ¡Me ha llamado especialmente la atención la intervención de un parvenu de la nueva política que, imagino que si hace unos pocos años le hubieran dicho que el guión le acabaría exigiendo hacer una glosa de una ex ministra de Defensa con motivo de su muerte, habría dejado cortísimo a San Pedro a la hora de negar a Jesucristo que -valga la redundancia- le negaría tres veces antes de que cantara el gallo!

También he recordado a un político que hace años me dijo que en política había que diferenciar los amigos de los enemigos y de lo que aún es peor que los enemigos: ¡los compañeros de partido! Escuchar a algunos socialistas alabar la figura de la difunta me ha hecho pensar en esta frase. O si queréis, para seguir con la tradición evangélica ya que estamos en Semana Santa, me ha hecho pensar en el beso de Judas, en este caso post mortem, por tanto, con el trabajo acabado.

Tengo que decir que durante el tiempo que he visto la TV, una tertuliana ha estado deliberada y prudentemente poco habladora, actitud que he agradecido, y que en la tertulia de la tarde, una ex dirigente socialista -que, puesto que la conozco, corro el riesgo de ser considerado poco objetivo diciendo que me merece mucho respeto- se ha mostrado prudente, pero visiblemente incómoda con la palabrería hueca y rellena de alabanza torpemente encendida que protagonizaban los contertulios.

Por la mañana he estado conversando con una amiga que se dedica profesionalmente a la comunicación. Y hablábamos de un cóctel explosivo, que tiene que ver con el hecho que me ocupa.

Los ingredientes eran, entre otros: unas empresas mediáticas en crisis -algunas de ellas en crisis profunda-, la transformación digital, la velocidad con la que se consume todo. También las noticias, lo que obliga a producir sin parar… Y evidentemente unos políticos siempre dispuestos a ser protagonistas mediáticos y unos periodistas especializados en que lo sean cuando los pillan en falso o, simplemente, cuando relacionando manzanas con peras pueden inducir que se pueda deducir que están equivocados.

Yo añadiría la tensión social, el mal ambiente, la desconfianza… Una serie de factores que hacen que el público priorice el consumo de noticias devastadoras -sanguinarias-, como queriendo reafirmar en principios generales como que todos los políticos -y poderosos en general- son unos corruptos y unas muy malas personas y que el mundo es una selva en la que hay que defenderse de todo y de todos. Cuando ciertos digitales pueden vomitar constantemente noticias, transmitidas de forma más o menos veraz y/o decente, cuando el consumo es un hecho dominante y nunca se tiene suficiente, cuando los consumidores de noticias quieren muchas, rápidas y crecientemente escandalosas y escandalizadoras… ciertas muertes como la de Chacón suponen un respiro a maltrechas cuentas de resultados de las empresas mediáticas.

Se trata de buscar y airear escándalos -reales o presuntos, es igual-, de mantener el ambiente del malestar ciudadano que todavía no ha digerido los estragos de la, como he dicho muchas veces, pretendida crisis económica que no es otra cosa que una manifestación de una profunda crisis de valores, de crisis de la humanidad en el sentido de lo que es esencial para definirnos como humanos. Paz, amor, concordia, comprensión, conciliación, humildad, generosidad y otras nobles palabras de este tipo, no sirven para vender si no es manipulando y retorciendo sentimientos humanos. Manosear impúdicamente las muertes y los muertos es un triste exponente.

En un entorno obsesionado por “encontrar culpables”, por agredir y descargar la rabia de mi dolor en quien me lo ha provocado (evidentemente sin analizar ni un segundo si yo mismo tengo alguna responsabilidad en lo que me pasa), el sentimiento que genera una muerte convenientemente manipulada urbi et orbe, sirve para tener un espejismo fugaz de reconciliación con una humanidad todavía capaz de sentir. Lo que no deja de suponer una esperanza, en el sentido de que el alma humana, a pesar de todo, persigue la bondad. Ahora bien… la sociedad del capitalismo salvaje, del consumo incesante, de la digitalización de todo y más, deja pocos espacios para la tregua, la reflexión y la generación de buenos sentimientos. Los reales y los que -como es el caso de la utilización de una muerte con fines políticos y comerciales de venta de periódicos y programas- surgen de la manipulación interesada.

En una sociedad en la que si alguien choca contra una farola, la primera reacción es buscar al culpable, el que ha tenido la idea estúpida o perversa de colocar precisamente allí aquel farol, para denunciarlo o directamente agredirle, ya sea ​​físicamente, psicológicamente o por Twitter; en una sociedad tan crispada, todo lo que por un momento nos aproxima de una manera u otra a los buenos sentimientos, representa un pequeño oasis y un cargar las pilas más o menos sincero. Dentro de dos o tres días, nadie hablará más de Carme Chacón.

El periodista Jordi Galves es valiente cuando escribe en “El Nacional.Cat” el siguiente artículo:

“Los muertos, y más si acaban de morir, imponen respeto. Los políticos no. Los políticos son unos seres medio irreales que tienen sus propios códigos de conducta, y les da igual no ser respetables mientras puedan continuar con su oficio (…).

Fijaos que cuando se muere un político famoso, como Carme Chacón, el oportunismo más salvaje se desata entre los de su condición. Cuanto más cercanos al final más legitimados se sienten para aprovechar tanto como se pueda sus restos (…). El muerto tiene todo el protagonismo y el animal político lo que no soporta es precisamente este protagonismo ajeno (…). Así que, entonces, los políticos en activo compiten frenéticamente en presumir que son los mejor relacionados con el muerto.

(…) Miquel Iceta (…) hizo una enorme necrológica a base de lugares comunes, de palabras vacías (…). Hace meses, hace años, la familia socialista (…) había atacado a Carme Chacón.

Se ve que un día (el marido de Carme Chacón) de entonces, Miguel Barroso, tomaba un café con Jaume Roures. Y que como poderoso secretario de Estado de Comunicación de Zapatero conocía la intención de sustituir a José Antonio Alonso al frente de Defensa. Sin pensárselo dos veces cogió el teléfono y ante los presentes convenció a ZP de que la mejor sustituta posible era su esposa (…) argumentando que era mujer y que estaba embarazada. El nombramiento fue, por tanto, la puesta en escena de una idea televisiva mientras se tomaba café (…).

Chacón encarnó a un determinado socialismo. El propositivo, el de las grandes proclamas y los bolsillos vacíos. El de las retóricas más suntuosas y la desolación intelectual (…). Fue una política oportunista como tantos y tantos y tantos que la utilizaron y que ahora, una vez muerta, quizás tienen momentos de lucidez, de mala conciencia. No sufran, no les dura mucho.

Dicen que la querían mucho. Yo solo sé que murió sola. Que hacía mucho tiempo que estaba muy sola, abandonada, como una muñeca rota que han dejado de lado. A mí me daría vergüenza. Ni Rita Barberá tuvo un final tan triste”.

Evidentemente no habrá ningún político que se atreva a escribir que en el comportamiento de demasiados periodistas y demasiados tertulianos alrededor de este tema encontraríamos muchos de los elementos que acertadamente Galves denuncia en los políticos. Y aún menos, nadie escribirá que esta patética obra de teatro protagonizada por políticos y vehiculada y coprotagonizada por periodistas y afines, no la financiaría nadie -y por

EL PETÓ DE JUDES

tanto no hubiera existido- si a una parte demasiado grande de la sociedad no le gustara el consumo de esta “telebasura”. Los primeros son muy visibles y se empeñan en serlo, los segundos no tanto pero en estas situaciones también encuentran la oportunidad de practicar y hacer evidente su “buenismo”. Los terceros son los consumidores de la era digital, aquella en la que ya no hay tiempo para pensar en nada que no sea consumir más y en la que los sentimientos se desatan en forma de sentimentalismo inducido por los protagonistas y los fabricantes de noticias.

Tal vez Nietzsche tuviera razón cuando proclamó“Dios ha muerto”. El problema es que al “superhombre” que tenía que acaparar el protagonismo no se le ve por ninguna parte. Tampoco creo, sin embargo, que la partida la gane el “último hombre”, el hombre que viviría el final de la civilización. Muy honesta y sinceramente no pienso -¡aunque Nietzsche sí que ya lo pensaba en su tiempo! – que estemos en este punto. Ojalá este mundo que más que no entenderlo, no lo quiero entender, sea una señal de que la reacción está cerca y que los humanos no podremos seguir viviendo demasiado tiempo más como si hubiéramos perdido lo que determina, precisamente, la condición de humanos.

El circo que se ha montado en torno a la muerte de Carmen Chacón me ha parecido execrable. ¡En paz descanse!

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Cristina dice:

    Valent article el de Jordi Galvés i el teu. Pocs verbalitzen i menys signen el que molts pensem fastiguejats.

    • josepmariavia dice:

      Si se l’haguessin estimat la meitat, de la meitat, de la meitat, del que proclamen, callarien d’una vegada i respectarien el seu descans etern!!!

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